domingo, 21 de diciembre de 2008

Al Alba

Dejándote llevar un día más por las masas te he visto apagarte lentamente, Quién iba a decir que las hogueras más majestuosas también están a la merced del viento. Tus llamas se veían desde mi ventana desde mucho antes de saber qué era el calor, pasaba el crepúsculo observando tu cabello rubio rojizo descender sobre almohada dando paso a tus sueños. Tu brillo parece una enorme bengala, preludio de una fiesta, te giras lentamente y en un guiño paralizas el mundo entero cubriendo todo de polvo de hadas, de escarcha centelleante de mil colores, a cámara lenta, y todo arde segundos después en una explosión de vida, como en una hoguera.

La tristeza se esconde en tus sienes, como una lluvia de hojas secas. A veces tu voz suena como un paseo en gabardina entre la hojarasca. Noto la lluvia resbalar por mi cara en el fondo de tus ojos, que poco a poco se nublan anunciando tormenta. Tus pasos se vuelven lánguidos e inseguros y poco a poco te resguardas en tu plumaje, como un pajarillo que aguarda un nuevo rayo de sol sobre una rama. El renacer de la vida se esconde bajo tus pies, esperando, paciente el momento de hacerte fuerte. Te siento cálida, latente aunque parezca que no estés. Apoyate en mi hombro y deja que pase el gélido invierno.

El frío llega en tus ojos, su azulado verde congela todo. Eres cruel y reservada, inflexible cuando alguien toca lo tuyo, tu palacio es de hielo, reina de las brujas. Abres la boca y un soplido de pequeñas estrellas de nieve iluminan todo. Tus abrazos me parten en dos como si convirtieras en cristal todo aquello que tocas. Te muestras frágil, pero tus cantos son como cuchillas afiladas dispuestas a llevarse por delante a quien se atreva a herirte. Acaríciame con la punta de tus dedos, abrasa mi piel con ellos, mantente siempre fría, eterna, fría.

Tus mejillas son rosas como los chicles de fresa, como las niñas pequeñas, como las piruletas. Hueles a algodón de azúcar y a tarde en el parque. Tienes esa mirada inocente que tienen los niños y el batir de alas de mil mariposas en tus pestañas. Aun así te empeñas en tiznar de negro tu dulzura sólo porque se empeñan en marcarte un patrón de líneas rectas. Tu boca es la primavera, Tus labios carnosos rojos rosales cubiertos de espinas, tus dientes jazmines, tu lengua una enredadera que para mi espalda quisiese y tu aliento sabe a frutas recién cortadas. La vida es dulce cuando tu risa llena la habitación.

Has sido mi sol, has sido mis noches, eres el hada que me lleva de la mano a los sueños. Una pequeña ninfa con ojillos inocentes que enciende las pasiones más perversas. La naturaleza te ha dado la dulzura de la primavera floreciendo, la melancolía del otoño, esos ojos fríos y penetrantes como estalactitas en mi tejado y el ardiente verano en los más carnosos y rojos labios que el carmín puede soñar con vestir. Y sin embargo piensas que no eres más que la continuación de la rutina de la especie, y sin embargo crees que pasas desapercibida entre el gris de las calles, y sin embargo ignoras que tus ojos son la puerta a un paraíso, una entrada a el mágico país de nunca jamás. Déjame adentrarme una vez más en la segunda estrella a la derecha, déjame contemplar la vida tal y como sólo tu y yo queremos.

jueves, 20 de noviembre de 2008

La puerta averiada o cuando el hambre aprieta

Esto es un guiño dedicado a todos los que, como yo, sometidos a la rutina del trabajo cara al público combate los nervios provocados por éste analizando al personal sorprendidos por su comportamiento llegando a plantearse la vida inteligente en este planeta.

“Cuando más trato con personas más quiero a mi hamster”.

El apetito nubla la vista.

Pongámonos en situación. Se trata de un local comercial, más concretamente de una panadería-croissantería, el la cual desde hace poco más de un més se ha colocado un cartel en una de sus puertas. Esta se encuentra averiada debido a que se ha descolgado, y por lo tanto resulta complicada la apertura, quedando descolocada después de su uso. Se trata de una puerta doble de cristal con apertura hacia ambos lados, y es una de estas hojas la averiada, vamos que no es muy difícil encontrar otra entrada, porque está frente a sus ojos. El cartel de la discordia es un folio con letras negras en las que se lee “puerta averiada” y esta colocado a aproximadamente 1,50metros del suelo, es decir a la altura de los ojos de cualquier persona de estatura media.

Pues bien, puestos en situación sólo cabe decir que nos pasamos la tarde observando y contando la gente que entraba por la puerta y la reacción de estos frente al cartel, y por supuesto cerrando la puerta cada vez que alguien la dejaba abierta o descolocada; si les indicamos por donde deben de entrar el estudio no sería 100% cierto, y aun así encontramos personas que, frente la puerta abierta no averiada se empeñaban en entrar por la del cartel. A partir de aquí todo son datos verídicos vistos desde una perspectiva cómica, pero nunca alterada.

Veintisiete de cada cien personas que entran a la tienda lo hacen por la puerta averiada, y después de observar durante todo el turno de tarde hemos llegado a algunas conclusiones relevantes: la gente no es analfabeta, contrariando la primera hipótesis, la gente sólo es ignorante, muuuy ignorante.

Por el contrario de lo que podíamos pensar el nivel mas alto de este estudio no esta encabezado por personas de poco nivel intelectual aparente, es decir, aquellos de quienes podríamos pensar que su ignorancia es mayor, sino por los que, más preocupados de su apariencia y ostentación descuidan cosas tan básicas como la lógica, el sentido común o el civismo.

El porcentaje más alto de “cazurros integrales” lo encontramos a última hora de la tarde, es decir, de 19:00 en adelante, cuando mayor movimiento de gente se registra en la tienda, vamos, cuando el hambre aprieta. Lo cual nos lleva a pensar que el apetito nubla la vista, y que ciegos de gula la gente olvida que “p + u es pu” y que seguido de “erta averiada” significa mayor dificultad para entrar o salir, es decir que para esta gente el fin (comer) justifica los medios (como sea he de entrar a comprar).

Tratándose de una tienda de alimentación el cliente habitual no se caracteriza ni por el genero ni por la edad, y tratándose de un local situado en una zona céntrica tampoco por su nacionalidad y/o etnia, con lo cual es más amplio el abanico de personas a estudiar, y e aquí ejemplos concretos:

- La población mayor de 65, a excepción de clientes habituales, debido a su indiscutible experiencia y autoritaria razón entran SIEMPRE por la puerta incorrecta, pero lo hacen conscientes de ello y cargados de razón.

- Los hombres adultos de clase alta, en especial los que visten traje lo hacen por la puerta incorrecta.

- Los adolescentes y preadolescentes, posiblemente cegados por los colores estridentes de sus mechas o la capa de Titanlux que llevan encima ignoran el cartel entrando por la puerta incorrecta.

- Las mujeres maduritas emperifolladas de esas que parecen haberse tragado el palo de la escoba también ignoran el cartel.

- Las madres que llevan carritos SIEMPRE entran por donde no deben, tal vez en un intento desesperado por combatir la rutina, y SIEMPRE dejan a sus fieras que empeoren las condiciones de la puerta averiada.

- Por otra parte, y para compensar la estadística la población joven advierte el cartel y lo evita a la primera o por el contrario se disculpa de su actuación errónea. Siempre y cuando no se trate de parejas...

- En cuyo caso la mujer advierte de este y lo evita, y el hombre (¿cegado por el amor hacia su churri?) se da de bruces con el cartel, y para demostrar su hombría lucha con la puerta que se resiste provocando una reacción autoritaria natural de la mujer, que, corrige con berridos o collejas a su tosca pareja.

- Los extranjeros y como siempre para demostrar que nuestra sociedad tiene mucho que aprender actúan correctamente, a pesar de la barrera lingüística guiándose por el sentido común (cartel = chungo).

Como anécdota contar que hace aproximadamente un año ocurrió exactamente lo mismo, puerta averiada, cartel visible, incluso llegamos a colocar una pizarra, de esas de anunciar las ofertas, frente a la puerta evitando la entrada por esta, y que una amable viejecita (mayor de 65), que posiblemente iría a comprarle la merienda a su nieto, no advirtió de el cartel, ni debió ver que junto a ella se encontraba otra puerta porque decidida a entrar se remangó el refajo y se dispuso a saltar la pizarra hasta que una de las empleadas sorprendida y colapsada por lo que estaba presenciando pudo reaccionar y salió a explicarle a la pobre mujer que tenía una puerta abierta y sin obstáculos justo al lado, y que no hacía falta saltar la pizarra. Parece ser que a pesar del sofocón la mujer no desistió de entrar y comprar, lo cual se agradece, yo personalmente no hubiese podido volver a pasar por esa calle en la vida.

Y con esto podemos llegar a la conclusión de que las indicaciones que utilicemos no servirán de nada mientras la gente siga siendo tan inútil, que el tiempo que perdamos en advertirles será tiempo perdido. Por lo tanto olvidémonos de la señalética y centrémonos en el yoga, que es muy relajante.

Un saludo, compañeros ;-)

lunes, 16 de junio de 2008

Retorno

Bueno, hace casi un año que no publico nada, pero tampoco es que nadie lo haya notado. Aun así persisto y resisto, por lo que en breve si es que alguien nos visita tendrá nuevos textos de estar por casa, desde la ventana o desde otras perspectivas.

Saludos desde el escondite y a la espera de señales del exterior ;-)