jueves, 1 de octubre de 2009

Espero curarme de ti. (por Jaime Sabines)

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, mi es poco, es bastante. En una semana se pueden reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se lespuede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: "qué calor hace", "dame agua", "¿sabes manejar?, "se hizo de noche"... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero".)

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un
panteón.

martes, 28 de abril de 2009

Muñeca de trapo

Ansiosa de volver a tus manos, pero con las costuras a medio coser, meciéndome de lado a lado, despacio, buscando caer para llamar tu atención, cuento las marcas de tus manos guarecida en un baúl hasta que te dejen jugar conmigo. He dejado un hilo para que puedas seguirme, y deshilachándome cada vez más lejos me quedo en nada, en un camino que no vas a recorrer.

No tengo prisa, ni paciencia, no tengo tiempo, no tengo nada, sólo hilos, hilos y algodón, remendada de cicatrices. Tu decides que hacer conmigo, es la ventaja de ser el dueño. Tu decides cuando “amar”, es la ventaja de estar vivo. Yo decido ser irreverente y nunca más decir que no, y decirte que me cubras, que me llenes de vida, es la ventaja de no tener alma.

Muñeca de trapo, utilízame a tu antojo, yo mientras espero, tirada a la basura, como un trasto viejo, tu me quieres, si, pero no estamos para juegos.

jueves, 9 de abril de 2009

Insomne

Y un día más despunta por la ventana sin conciliar el sueño, estuve pensando que tal vez vería la luz, pero todo sigue oscuro aquí. El hielo del vaso hace horas que ha perdido la compostura pensándote y mientras tanto yo sigo como un témpano. Parece que alguien me haya cosido el ceño desde hace días, me tiran los puntos como en una herida recién suturada. Duele, duele, duele.

Al cerrar los ojos no estás, al abrirlos tampoco, y mi sentido común hace días que se quedó en la cama, durmiendo por mi, probablemente soñándote. Y pienso si me piensas, y tengo la impresión de que paso el tiempo perdiendo el tiempo. Y duele, duele, duele. Y un día más se pone el sol sin haber visto ni un rayo de luz, y la noche sólo me trae silencio y dolor.

Me duelen las heridas, no consigo conciliar el sueño, y lo peor de todo es no saber si el dolor a ti tampoco te deja dormir.

lunes, 26 de enero de 2009

De puntillas

A estas alturas debería ser absurdo plantearse jugar como chiquillos al escondite, pero la vida no tiene emoción si nos privamos de reivindicar los derechos esenciales como el delirio o la risa. No hay nada más gratificante que darse cuenta que aún puedes ir y volver de la inocencia con sólo desearlo, desearlo con la boca y el cuerpo, desearte en cuerpo y boca. ¿cómo puede ser tan inocente algo tan perverso como tu mirada? ¿Cómo puedes con esa sonrisa jugar a ser un niño? El escondite puede ser muy divertido, pero deberías de venir a buscarme. Podrías echar a suertes por donde empezar. Aunque sepas muy bien donde me encuentro juega a tener incertidumbre ante las certezas absolutas.

A estas alturas deberías tener prohibido salir de casa con las cosas claras, y pasar de puntillas por delante de mi puerta por si acaso los mayores te descubren, y pasar de puntillas por mis noches para darme una esperanza de tenerte. Y dices que eres feliz, pero aún ansías un poco, y dices que el tabaco mata y te enganchas a las mentiras. Y me coges de la mano con la firmeza de una idea y lo frágil de un deseo y me dejo llevar por la boca y el cuerpo entero. Estoy contando los segundos para ver por donde anda la tormenta. Quiero empaparme de pies a cabeza y sentir mi cuerpo temblar de frío, de miedo con cada estruendo.

A estas alturas tu único error es tenerlo tan claro, tener claro que es un error. Lo mejor de la vida en sí es el hecho de estar vivos, y el resto ya es demasiado desagradable como para decir que no a una carcajada. Quiero decirte que nunca había estado antes donde estoy ahora contigo. Guárdate algún quizá para mañana, vamos a jugar a mirar por debajo del vestido.

sábado, 24 de enero de 2009

No soporto las noches de viento

No soporto las noches de viento, es como un enemigo sigiloso que te acecha, que te dice que está ahí, persistente, a destiempo. Se disfraza de invisible para que no sepas de donde te vendrá el golpe, me recuerda a alguien malo. Azota la ventana, las puertas, la casa, como furioso de haberse quedado fuera, como diciéndote que piensa entrar cueste lo que cueste, “si el lobo puede, yo también”.

Cierro los ojos y me transporta a la niñez, a Churruca 30, donde las noches se pasaban en vela esperando los golpes, donde en los momentos sosegados en lugar de calmarte te agarrabas con fuerza las rodillas sabiendo que la calma augura tormenta.

Todo lo que tengas cerca se lo lleva a bandazos y te lo arroja a la cara, las pequeñas cosas, como agujas, se te incrustan en la piel y ya pasan a formar parte de ti por siempre. No consigo conciliar el sueño porque todo son pesadillas. Es capaz de arrastrarlo todo dejando tras de sí poco más que tierra y hojarasca. Se lleva las fuerzas, la ilusión, me duelen los huesos.

No soporto las noches de viento, porque nada me ayuda a olvidarlas. Son ruidosas, molestas y por fuerte que me abraces nunca es suficiente.

miércoles, 21 de enero de 2009

Acariciándote los huesos

Me he despertado acariciándote los huesos, olíamos a tierra mojada y el fango nos servía de sábana. Somos como esos enfermos que desesperados se consumen en un intento por exprimir hasta el último de los segundos de sus lamentables vidas. Estamos en lo más bajo, deprimentes, como seres del inframundo que se esconden de la luz y se alimentan de carroña. Esto es sucio, es carroña emocional lo que nos llevamos a la boca, son jirones de piel muerta lo que palpamos entre los dedos y aun así quiero besar cada una de esas líneas de nácar trazadas por un pretérito escarpado en tu piel. La simple idea de lo nuestro me desgarra las entrañas, pero aún me duele más tener que imaginar cómo de frías serán tus manos y no poder notar como erizas mi piel. Me avergüenzo de esto, es tan ruin, tan humillante y a la vez tan poco terrenal.

Hemos tocado fondo y al tiempo me siento como en el cielo, consigues que me evada del resto del mundo, sólo oigo tu respiración, sólo veo tus ojos, estáticos, clavados en los míos, tu nariz juguetea con mi pelo. Se para el tiempo y nada puedo hacer por recordar quien soy, qué está bien y qué está mal o si ya me advertiste que esto no era correcto.

Despierto por fin con la calma de quien se sabe inocente, pero ansiosa por delinquir entre tus manos. Tienes la sonrisa pícara de saberte deseado, te la juegas con tus bromas a llevarte algún mordisco y pareces muy seguro de tu frialdad, pero hay lugares donde tus normas no tienen valor, pequeños espacios de tiempo en los que pierdes la conciencia y yo voy a estar ahí, para saldarme mis tres deseos, porque no voy a perder la oportunidad de descender por tus caderas, me niego a no estremecerme con tus mandíbulas en mi cuello. No pienso morirme sin haberte besado.