lunes, 2 de abril de 2012

De batallas ganadas

No tiene sentido luchar, no cuando tu espada hiere tanto como la del enemigo.

No tiene sentido interponer escudos, protegerse de los demás, huir de los hechos.

Tus armas han de ser constructivas, siempre, al fin y al cabo el tiempo ya destruirá aquello que conoces, bueno, malo, todo. Tus corazas han de ser transpirables, dejar entrar, dejar salir, respirar. Si te encierras, te asfixias, si te aíslas, te marchitas, estás vencido.

No tiene sentido herir, no cuando te mata a ti por dentro, te consume.

No tiene sentido rendirse, no es una victoria ni tan si quiera para el enemigo.

Tu defensa ha de ser justa, pura, la intención ha de ser que ambos ganéis algo, que ambos acabéis siendo mejores rivales, mejores personas. Cuestión de honor.

Tu ataque ha de ser previsible, esperado, certero pero suave. Las palabras justas, sin adornos, sin ira, en el momento apropiado, han de liberarte del peso justo para equilibrar a los contrincantes.

No tiene sentido una victoria cuando dejas atrás a los malheridos.

No tiene sentido la derrota cuando no vuelves a ponerte en pie. No tiene sentido la derrota.

Las batallas, internas o externas, las discusiones, las disputas, los enfrentamientos, siempre han de ser de igual a igual, siempre han de ser en frío, siempre. Si tienes clara ventaja, ponte a la altura de tu rival, sopesa los dos lados de la balanza.No son más que pruebas, que lecciones de las que ambos bandos deben aprender. Recapacita sobre tus puntos débiles, el por qué de tu derrota. Recuerda siempre qué te ha hecho ganar de forma honrosa, y comparte tu experiencia con cualquiera, pues nunca se sabe cuándo se verá envuelto en algo similar.

Siéntate frente a tu oponente después de la batalla, siéntate contigo mismo y comenta qué ha ido bien, qué salió mal. Mejora y ayuda a mejorar.

No tiene sentido pasar por la vida sin la lección de una experiencia.

No tiene sentido sentarse a mirar sin tender una mano.No tiene sentido encerrarse en uno mismo, entrar en barrena, tú, tú, tú... y sólo tú.

No tiene sentido caer, sufrir, equivocarse, si no te llevas la lección contigo. Empápate de tus vivencias, aprende, perdona, supera, vive cada paso como lo que es, parte del camino.