martes, 22 de marzo de 2011

Un poco de luz.

Hay días que las fuerzas se te escapan sólo con pestañear, que desde que sale el sol hasta que nos deja a oscuras con nuestro dolor sólo puedes arrastrarte por los suelos sólo, dolido, exhausto. Eres incapaz de levantar la cabeza el ángulo justo para ver el mundo que tienes delante. Y es normal que te sientas sólo, decaido, en parte, en tu parcela de dolor todo es oscuro y no ves nada más. Pero no estás sólo, nunca se está completamente sólo. Siempre hay alguien ahí, en la oscuridad que te tiende la mano, a tientas, te busca, te agarra fuerte y te da un poco de luz.

Las cosas malas les pasan a todos por igual. Con mayor o menos intensidad, en peor o mejor momento, con más o menos fuerzas para afrontarlas, pero a todos por igual. Y hoy quizá eres tú quien necesita que arrojen un poco de luz, un poco de energía positiva a tu presente, para poder ver que siempre hay un futuro. Párate un segundo, recapacita, piensa cuanta luz has dado a todos los que hoy a tientas intentan darte ese calor en tus noches de 24 horas. Piensa que, aunque lo veas negro, el negro es una suma de colores, que si poco a poco divides todo eso, tienes una gama muy amplia de cosas positivas, de gente, de experiencias que te ayudarán a crecer, a seguir.

Quizá hoy no seas capaz de apreciar todo eso, no a la gente, sino a lo que está creciendo en ti, a lo estrictamente tuyo, internamente tuyo. Un faro enorme crece en tu pecho que, aunque hoy la luz esté apagada, ahí está, latente, esperando el momento justo para alumbrar a todos los demás y a ti mismo.

Cuando piensas que ya te han abandonado todas las fuerzas, frena, llora, grita, derrúmbate si lo necesitas, a veces es lo mejor. Pero si tienes fuerzas para todo eso es porque tienes fuerzas para mucho más. Sólo debes de aprender a canalizar esa energía. Aprender que cada vivencia, cada herida te hace más fuerte, más persona, más preparado para sanar tu dolor y el de los que te rodean. Eres muy capaz de salir adelante, aunque a veces sólo necesitas a alguien que te lo susurre para recordártelo.

Abraza la vida, abraza, sin más, deja que te den calor, y pronto pasará tu invierno.

Hoy me toca a mi dar la charla, pero miles de veces he sido yo quien la ha recibido y puedo decir que gracias a muchas personas que hoy la necesitan tengo fuerzas para darlas, para sonreir por quien haga falta y quiera, para estar aquí, ahora, siempre, intentando encender la luz que todos llevamos dentro.