domingo, 25 de marzo de 2012

Disquisiciones de un niño pequeño...

A veces los niños enseñan grandes lecciones que sólo ellos, con su inocencia son capaces de asimilar...

Esta tarde me dice mi hijo de casi 4 años:

- ¿mamá, dónde va la gente cuando se muere?
+ A ninguna parte, dejan de estar, de oír, de ver...
- ¿Entonces no se puede hablar con ellos? ¿Ni jugar?
+ No, bueno, puedes hablarles, pero no pueden oírte ni contestarte.

(silencio largo, en el coche)

- Mami, ¿entonces por qué la gente se pelea y se pasa tiempo sin hablar?
+ No so sé, cariño, supongo que es difícil ver a quien te ha hecho algo malo.
- ¿Y no es más malo dejar de verles, de oírles, de poder jugar, hablar?
+ En mi opinión sí, pero no es tan fácil.
- Mamá ¿Y lo difícil no es hablar con los muertos? ¿por qué no aprovechan que están vivos para jugar y hablar? Cuando estén muertos no podrán hacerlo nunca más.

Tengo un niño tremendamente curioso, y tremendamente dulce. Todos podemos ser así de inocentes, de simples y ver que, con el tiempo perderemos a todo el mundo y no vale la pena perderlos voluntariamente por una estupidez.

(Estoy muy, pero que muy orgullosa de haber criado un serecillo tan dulce como este, le empalague a quien le empalague. Gracias a toda esa gente buena de la que ha tenido la suerte de rodearse casual o intencionadamente, a los que no han querido estar, que también le han enseñado lecciones muy valiosas.)

Orgullo.

Siéntete orgulloso de tus errores, porque te enseñan lo que no debes repetir, siéntete orgulloso de no avergonzarte, de no ser perfecto. Disfruta cada error como lo que es, una lección. Pero sobre todo aprende de ellos, entiéndelos como lo que son, errores. Regodéate lo justo y sigue adelante, a ser posible aprendiendo de la experiencia.

El orgullo es confundido muy a menudo. Pasar por encima de alguien para sentirte mejor no es para sentirse orgulloso, que a veces cuando tú sientes dolor y hieres al causante, te haces daño también a ti. Siéntete orgulloso de errar, porque eso te hace grande, siéntete orgulloso de ceder, porque eso te hace increíblemente mejor. Siéntete honrado por reconocer tu culpa, por valorarlo en su justa medida, ni más, ni menos. Por no arrastrar a nadie en tu caída y elevar a todos en un ascenso.

Erra, aprende, sacúdete el polvo y levanta la cabeza, antes que tú cayeron muchos, pero tú puedes ser quien aparte esa piedra del camino.